Es muy posible que la disposición y actitud para mantener la disciplina en la práctica esté guiada por la lucha, el esfuerzo, la resistencia o el “aguantar como un buey” las experiencias difíciles (incomodidad, agitación, dolor…)

Conectar la práctica con el corazón es el faro que alumbra el camino. La pregunta para saber si estoy practicando con el corazón podría ser:

- En este momento, ¿hay amor o esfuerzo? La respuesta que se escucha interiormente es clara.

La práctica con corazón acepta la no-perfección, abrazando la experiencia presente con amor, sea lo que sea. Y esto representa una liberación porque cualquier evento (interno o externo) tiene cabida, hay un lugar para todo, nada está “mal”, todo forma parte de la práctica, y la energía reactiva se transforma.

La idea de perfección o de cómo deberían ser las cosas aleja el presente tal cual es y permite que la mente en modo evaluador dirija la práctica. Si hay una idea, no hay experiencia directa.

“Aprender a ver con el corazón que ama, en lugar de con la mente que compara y define”.


Jack Kornfield anima a que nos hagamos esta pregunta: “¿Hay amor aquí?”

Cuerpo-corazón-mente. Siempre el corazón en el centro guiando la experiencia integradora y cultivando una actitud de presencia amorosa.


Descansa, no es el control, la fuerza es el amor.

 

¿Hay amor aquí?

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