Qué ocurre con la atención cuando seleccionamos un foco donde centrarnos? ¿Qué hace la mente? ¿Qué pasa cuando nos sentamos poniendo la intención en prestar atención a la respiración? Sin perseguir nada, ningún objetivo que alcanzar, la instruccción es simplemente, seguir el fluir de cada respiración sin cambiar nada, cuidando en lo posible de que esa presencia sea ecuánime y amable.


Pero saber un poco lo que está ocurriendo con esa capacidad ejecutiva tan importante que es la atención, a través de una técnica tan sencilla y donde en realidad no hay nada que hacer sino permanecer con la experiencia de cada momento, puede resultar un aliciente más para practicar. Al menos para mí, entender lo que hago le da más sentido.


Así que me siento con esa intención y en el tiempo que haya establecido para la práctica estaré trabajando tres habilidades:


1) Atención selctiva: El foco elegido, en este caso es la respiración. Dispuestos a observar el fluir del aire entrando y saliendo, eso es todo. Poniendo la intención en cada parte del proceso de respirar: inspirando…espirando…, con sus pausas. Es una observación sentida. La instrucción no puede ser más simple y sin embargo no es fácil. Con frecuencia en cuestión de segundos, en ocasiones después de sólo una o dos respiraciones, la mente se distrae, pierde el foco y se va detrás de algún pensamiento que se ha colado sin darnos ni cuenta. Así que la siguiente habilidad de la atención que se activa es la:


2) Inhibición de respuesta: Nos damos cuenta de que hay una intrusión, un pensamiento o una sensación que no hemos elegido tener. Puede ser algo trivial como una ensoñación, un recuerdo, una tarea pendiente, una preocupación o cualquier otra cosa. Nuestra tarea es hacernos consciente de que ha aparecido y no dejarnos arrastrar por su contenido. Para dejar ir un pensamiento de manera amable, podemos decir “gracias, pero ahora no”.


3) Re-implicación atencional: Recuperamos el foco al darnos cuenta de la distracción y decidimos con amabilidad volver a la tarea de observar (notar) como el aire entra y sale con cada respiración. Este ejercicio nos permite desplazar voluntariamente la atención sin quedarnos pegados a los pensamientos que puedan surgir y de ese modo fomenta el auto-control.


¿Y para qué me sirve esto en la vida?


En primer lugar, para apagar un poco la activación de las redes neuronales que se encargan de rumiar, de “comernos el coco”, con frecuencia hiperactivadas, y fortalecer las que se encargan de la reflexión. Esto se traduce en una mayor flexibilidad mental, permitiéndonos ampliar el abanico de posibilidades de respuesta en lugar de reaccionar de manera automática.


Estas estas tres habilidades se ejercitan cuando practicamos atención plena a la respiración. Y al igual que al hacer un ejercicio físico, en la repetición está el beneficio. Incluso cuando creemos que no se nos está dando bien, porque la mente se distrae de continuo, el darnos cuenta y volver es lo importante. Centro la atención….me distraigo y me doy cuenta….vuelvo a prestar atención…. Una y otra vez.


Imagina hacer un examen con la máxima capacidad de atención, conducir, practicar un deporte, comunicar o cualquier actividad de la vida diaria, tanto en el trabajo como en la vida personal, el beneficio es general.


Y en algunos trastornos del comportamiento, como el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), las adicciones, o el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG), donde el componente de hiperactividad cognitiva es la base del problema, el hecho de poder cortar la cadena de pensamientos da exactamente en el punto central que está generando sufrimiento. En este caso, la terapia psicológica cognitivo-conductual con mindfulness integrado ofrece de manera adaptada y en un contexto clínico, esta y otras estrategias que permiten el tratamiento eficaz de estos problemas.


Por último, la intención principal de este resumen es que recuerdes que cuando prestas atención a la respiración (atención selectiva), te distraes con algún pensamiento y te das cuenta sin reaccionar (inhibición de respuesta), y vuelves a centrar el foco de atención en la respiración (re-implicación atencional), lo estás haciendo muy bien, estás activando conexiones relacionadas con la calma y la reflexión, mientras tu capacidad de pensamiento se va volviendo más flexible. Adelante con la práctica. ¡Ánimo!

 

 

Tres habilidades de atención

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