Aprendiendo a desenredar...

 

 

 

 

 

 

 

 

Aquí, un relato al revés de una película sobre la II Guerra Mundial que me he encontrado entre las perlas de sabiduría que va sembrando Jack Kornfield en sus escritos: “cuando descubrimos cómo creamos las dolorosas historias de nuestra vida, entonces podemos aprender a desenredarlas”:

Aviones americanos, llenos de agujeros, con heridos y cadáveres, aterrizan al revés en una pista de aterrizaje de Inglaterra. Sobre Francia, unos pocos aviones alemanes de combate vuelan hacia ellos al revés, recogen bombas y trozos de algunos de los aviones y tripulación. Hacen lo mismo los bombarderos americanos destrozados en el suelo, y dichos aviones vuelan al revés uniéndose a la formación.

La formación vuela al revés hasta una ciudad alemana en llamas. Los bombarderos abren sus compuertas y, con un magnetismo milagroso, tragan los fuegos, los recogen en contenedores en forma de cilindros de acero y dejan los contenedores en el vientre de los aviones. Los contenedores son colocados en filas… todavía hay unos pocos americanos heridos y algunos de los bombarderos están muy deteriorados. Sobre Francia, combatientes alemanes, se levantan, dejándolo todo como nuevo.


Cuando los bombarderos regresan a la base, los cilindros de acero son cogidos de sus filas y embarcados de nuevo a Estados Unidos, donde las fábricas trabajan día y noche, desmantelando los cilindros, separando los contenidos peligrosos en minerales. Curiosamente, las mujeres son mayoría en el trabajo.

Los minerales son entonces enviados por barco, a especialistas en zonas alejadas. Su trabajo consiste en meterlos en la tierra, para esconderlos inteligentemente, de modo que no puedan volver a hacer daño a nadie.

 

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